lunes, 4 de febrero de 2013


¿Existen modas en el sexo?

¿El franeleo ya fue? ¿La estructura de los tríos sufrió variantes? ¿El sexo anal era impensado años atrás? ¿Y qué pasa con las prácticas de nombres raros, como petting,Karezzadogging o tantra? Analizamos las tendencias que se definen en la mejor de las pasarelas: tu cama.




Cambia, todo cambia, dice la canción. Y en materia de sexo nada será igual que antes, por lo menos por estas latitudes.
Los cambios sociales y culturales, promovidos en gran parte por las mujeres y las luchas de las minorías sexuales, han puesto en crisis los modelos de relación y la experiencia erótico sexual clásica. Las mujeres hoy pueden tomar la iniciativa, pedir lo que necesitan y, más aún, cuestionar al hombre si insiste en ser el macho que todo lo sabe.
Los modos actuales en la cama ya no tienen a la penetración como una meta imprescindible. Poco a poco el juego erótico se incorpora con todo su poder como una fuente de placer y de conocimiento del cuerpo propio y del partenaire sexual.

Más juego, más propuestas
Incluir el juego previo como una etapa necesaria e imprescindible dio paso a incorporar variantes que antes eran rechazadas por creencias absurdas que terminaban limitando el goce de las mujeres. Y fueron ellas, con pudor o franca osadía, las que empezaron a pedir aquellas prácticas que en el imaginario social eran reservadas a las “putas”.
La cama, entonces, fue un campo de prueba donde se podían ensayar nuevas formas sexuales: sexo oral,sexo analcambio de poses y lugares, ropas yjuguetesinclusión de un tercerointercambio de parejas, etc.
Si antes el hombre tomaba la iniciativa porque creía que así debía ser, también se arrogaba el derecho de seleccionar las formas que lo favorecían. Por ejemplo, podía hacer sexo oral a su pareja pero no aceptaba lo contrario (¡cómo la elegida para ser la madre de sus hijos podía tener su pene en la boca!). Es más, ni siquiera la mujer se animaba a pedirlo por considerarla una práctica humillante. Igual trato recibía el sexo anal.
La asociación de estas prácticas con el sometimiento y la deshonra estuvo- y todavía está- en el imaginario de muchas mujeres y hombres. Ni que hablar de la estimulación del ano de la mujer hacia el hombre. Los hombres reniegan de esta práctica por considerarla de homosexuales y ofensiva para su machismo. Lo que no saben es que el ano es una zona erógena que al ser estimulada provoca placer. 

Me complazco, te complazco, nos complacemos juntos
La cama, como territorio real y simbólico del lazo sexual, puede ser un lugar de placer o de conflicto. Optar por lo primero requiere de una apertura antes inusual, pero frecuente en las nuevas generaciones. Los varones han incorporado las nuevas demandas femeninas e intentan satisfacerlas con el agregado fundamental de su propia satisfacción.
Poco a poco van entendiendo que para brindar placer primero hay que sentirlo, lo cual requiere una vuelta obligada hacia el propio placer. Tal percepción de uno mismo y del otro invita a ampliar el contacto y esto se traduce en más juego erótico.
La mujer y el hombre están aprendiendo a disfrutar del sexo sin pensar en complacer exclusivamente al otro. La consigna sería: “me complazco, te complazco, nos complacemos juntos”. Ya basta de sexo para autómatas: abrir las piernas para ser penetrada. Los modelos actuales, más saludables por cierto, rechazan todo tipo de rigidez o estereotipo de relación. Y no importa la edad, ni la figura, ni el estrés cotidiano.
Muchas veces los supuestos impiden el avance o la innovación: “a mi pareja no le va a gustar”, “va a pensar que soy una puta o que lo aprendí con otro”. Hay que animarse. Cada día, cada instante, puede ser un buen momento para descubrir cosas nuevas en materia de sexo. Hay que tener la mente abierta, sacarse de encima las represiones absurdas, aprender a proponer, a pedir lo que se necesita y a gozar.        

Por el doctor Juan Carlos Rumbo, psicólogo y sexólogo.

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