domingo, 31 de marzo de 2013


Las vacaciones del amante, ¿el fin de la infidelidad?


Los actos que refuerzan la pareja oficial o la familia del otro impactan negativamente en los amantes. Es como un “baldazo frío” que cae sin compasión. ¿Qué hacer para evitar la angustia?
Dr. Walter Ghedin

El fin de año, el tiempo ocioso y las vacaciones suelen traer algunos problemas a los infieles. El engaño amoroso requiere de un estado de alerta como toda situación que resulta amenazante (y gozosa, al mismo tiempo), a menos que las partes en juego mantengan la relación bajo los límites estrictos de la privacidad. Sin embargo, los pactos entre los amantes pueden ser transgredidos a la hora de tener que “soportar” que su querido o querida disfrute de las Fiestas o se tome vacaciones con su familia.
Cada acto concreto del otro que refuerce la alianza con la pareja “oficial” suele ser vivido con angustia, frustración, o un profundo despecho. A pesar de que la razón da explicaciones válidas (“ya sé que no va a abandonar a su familia”, “tengo que entender que él tiene su vida y yo la mía”, etc.) la demanda de exclusividad aparece en el campo de la conciencia generando malestar.
Aquellos/as que se jactaban de “tener las cosas claras” comienzan a pedir más atención, a veces con pudor, otras con inusitada audacia. Abundan las llamadas, los mensajes de texto, las e-mails, tanto que aumenta el riesgo de que la verdad salga a la luz.

El fugaz retorno de la realidad
Las múltiples actividades durante el año permiten que los amantes regulen la cantidad de encuentros, aún cuando la relación asuma las características de una “doble vida”. En el mejor escenario, los actores en juego deben aceptar las reglas que impone la condición de ser amantes: no exclusividad, no dependencia, no demandas, desarrollo autónomo de los proyectos personales, etc.
Todas estas condiciones están implícitas en lasrelaciones de infidelidad que perduran en el tiempo. Se juegan emociones más intensas que en aquellas limitadas sólo a encuentros sexuales.
La ambivalencia sostiene la relación de los amantes. Por un lado, se juega la realidad tal cual es y, por el otro, la esperanza de que en algún momento la relación oculta se concretice, o bien se corte de una vez y termine con la ambigüedad.
Pasar las Fiestas e irse de vacaciones con la pareja o en familia disparan en el amante demandas que rompen con el acuerdo de no invadir la “vida personal”. Y aunque se sepa que esto es posible, parte de una realidad general, la razón y el intento de reprimir las emociones son insuficientes para frenar las conductas reactivas.

El lugar del amante      

Tener un amante requiere de un estado de alerta especial para disimular la presencia de un tercero, además de no dar señales emocionales de que “algo raro anda pasando”. El otro componente que se suma es la culpa. Algunas personas se sienten muy mal por la conducta infiel y otros se preguntan por qué no sienten tal malestar. En algún punto ambas conductas se conectan: la valoración personal.
Algunos prefieren sentir el dolor en la conciencia antes que dejar de lado la exaltación a la estima que significa tener a alguien que los adule y les otorgue placer, aunque más no sea una hora a la semana o cada mes. Otros se quedan con que la persona en cuestión les permita descubrir aspectos emocionales y sexuales como nadie lo ha hecho.
El lugar del amante está desprovisto de la cotidianidad. Se constituye como un lugar de fantasía, goce, y escaso compromiso. Cuando se pierden esas condiciones sobrevienen las decepciones y la culpa afila sus garras.
Consejos para salir del lugar del amante o sobrevivir con menos culpa

* Dejar de creer que el amante es fuente casi exclusiva de estima.

* Incrementar la confianza personal.

* Tratar de resolver las inseguridades de base: sentimientos de inferioridad, desmedro de capacidades propias, búsqueda de dependencia afectiva, poca valoración del cuerpo, entre otras.

* Animarse a tener una comunicación franca con la pareja. Expresar las insatisfacciones, reformular el contrato vincular, plantear las diferencias y acuerdos respecto al sexo, etc.

* Generar proyectos personales para obtener otras fuentes de estima.   

Por el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

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